ahí tienen el basural de la noche
la flor abierta de la desesperación
y el alba arrastrándose entre espinos
pero dónde está lo roto,
lo inasible, lo necesariamente ígneo
la chispa donde el motor funda su rabia
dónde están los cisnes del espíritu,
degollados en la mesa del deseo,
desangrándose en su aleteo, desesperados
inútilmente aferrados a la esperanza de un último respiro
ahí tienen la garra del tiempo sobre la garganta
las crisálidas rotas como ventanas rotas
que dejó tras de sí la angustia
los viveros donde la muerte cultiva
esmerada sus frutos
esos frutos que nos llevan, presurosos,
a saltar sobre las hermosas cuchillas
de la pasión, el deseo y la furia
ahí los tienen
agazapados como bestias famélicas
a la caza del sustento
pero esta palabra no me pertenece,
ahí la tienen, brasa bajo la lluvia, lodo
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