y he sangrado tanto y tan generosamente,
tan consecutivamente arrojado a las rocas,
tantas veces hecho nudo de mi misma herida,
mi inconsumible cicatriz no madurada
y hay un tráfico de espejos, una aglomeración
retorcida de cristales en la bruma, a esta hora,
mientras vuelvo a ser rasgado, hecho jirones
de deseo o me abrazo por fin al hambre
de estarse de una vez quieto, decididamente muerto,
amoldado en váyase a saber qué árbol,
azaeteado por las rocas o los acantilados,
y probar el mar, la sal de su conjuro hecho pedazos
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