25 may 2020

Octubre 2009, casi once años ya.

Esta breve nota es parte de una larga e intensa, aunque irregular correspondencia electrónica que sostenía con mi hermana en esos años de vorágine y clavadez. Desconocía mucho, por joven y provinciano. Sigo, provinciano, en un desconocimiento monumental, aunque ahora soy casi diez años más viejo y amargo. Y a estas alturas, el drama me lo guardo para algunas excepcionales ocasiones. Acababa de perder mi incipiente biblioteca. Una escena desgarradora, no la recomiendo.

"Ahora como nunca antes me comen el sosiego los leones dorados de la paranoia y la desconfianza. Hoy como nunca me doy cuenta que el sentimiento paranoico late en mí como un corazón desbocado, que los celos son una llama que me persigue por doquiera, en el sueño y la vigilia. Que todos esos sentimientos los tengo potenciados en mi interior, como una guerra interminable. Y ahora entiendo que como Los Cadillac's yo tampoco quiero morir de amor, ni ser tan absurdo como Otelo, y por eso me contengo de aullar por las calles como el perro que siempre he sido, y en las noches me acuerdo de José Cruz, de cuando estaba loco y me embriagaba a la menor provocación, bajo la lluvia y con los amigos tuertos.

Pero quería decirte esto, que espero lo entiendas, porque yo ya no:

el arte que aplauden las instituciones es
esa calle vacía
sin luces ni gemidos
donde el perro más bravo
ladra para defender a un borrachín meado
& vomitado
en la esquina sur del paisaje"

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