25 may 2020

que no venga, que no llame a la puerta

que no venga, que no llame a la puerta,
como un recién llegado, a pedir cualquier cosa,
que no le valga ningún pretexto para entrar a casa,
con su increíble equipaje de embelesos

a cualquier hora vendrá, y con rostro amable
ha de tender la mano, miserable, desvalido;
dirá que ha visto la guerra y su carnaval de horrores,
hablará de extraños seres, y cualquier brizna,
por leve, parecerá, de sus labios, terrorífica

que no se aposente en mi lecho, que no me toque
que no toque nada; tendrá tal vez una apariencia dulce,
una inocultable deformidad que llame a compasión,
pero es todo falso, es una trampa

tocó mi hombro una noche, para pedirme fuego,
y juntos escanciamos algún vino
en tabernas donde lo más sensato era no entrar;
cuando llegó el amanecer, ya no era el infatigable aliado

ni su carcajada era jovial, más bien siniestra.
Ahora me sigue por doquiera, a cada paso:
y todo me parece oscuro y devastado
y no otra cosa quiero que la reclusión

No hay comentarios: