como habitante recién llegado al áspero
nido de la horca, remecido por el viento
condimentado por el salitre y por la brisa
adormecido en cada músculo y tendón
sin Aquiles moribundo, sin guerras donde la derrota
Iza banderas, sonámbulo acaso, perdido en los pasillos
del invierno o del verano
ignoro porque desconozco la coloración de su estandarte
porque el laberinto se cimenta en el sueño
y el sueño en el desamparo
yo digo adiós en una mueca que no es mía
con un brazo que he hurtado al deseo
con una sinceridad que se me escapa
tenso en el hilo amargo de mi sangre,
péndulo en el vientre abierto de esta noche
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