25 may 2020

la tarde es un nudo de cuchillas oxidadas


sombra bajo la sombra de la noche,
arduo y fatigoso el erizarse de la sangre;
devocional es la tortura, lo que interminablemente roto
acaba por abrazar la cicatriz, desesperado, al repetir:
donde hubo espinos, florecerá el veneno, donde hubo flor,
invisible, cauto, edificará su reino la nostalgia.
Xanadú o Isla de las Lamentaciones, Casablanca
o Puerto Ocaso, la ciudad será la misma...

se sabe, siempre se ha sabido: hay una cuerda tensándose
armoniosa en la yugular de los desesperados
los amantes, las atormentadas pieles;
lo de morir irremediable, ostensiblemente,
insisto, es cosa de todos sabida:
hablemos entonces de otra cosa,
como quien habla de pronto del invierno,
último paisaje donde la felicidad como un cuervo posó sus alas,
mientras oye el crepitar del fuego

entonces, volvamos a hablar de nada, de lo que piadosamente
decide escarbar en el tuétano sin tocar el hueso

o de la cuchilla que mansamente se relame, lasciva,
donde la herida no ha tenido tiempo de ser nombrada,
última sorpresa en la declinación del día:
nave para siempre averiada en los confines de sí misma

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