¿dónde están mis fantasmas ciegos,
el otro, que me perseguía día a día,
el dolor de haber salido vivo -¿moría?-
pero a solas tras la trifulca del amor?
¿dónde quedaron las espuelas que
mi carne hendieron, ahora que la
carne sigue huyendo? ¿en qué agua
saciar la sed, en qué lejano estanque?
¿este caballo corazón ha de agotarse
como una flama vieja que se aquieta
o ha de buscar la roca, el acantilado
sobre el cual ofertar el holocausto pese
a sus huesos? ¿lo abrasará la inquieta
vida, o se llamará cobarde, humano?
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