a solas devastado, crepuscular y ciego
recorro los pasillos donde tu nombre
muerde los talones del insomnio;
eres el fruto y la radiante espina:
no hay en ti rincón o anhelo que me aguarde,
nada, un gesto acaso, apenas, indiferente,
en el rostro de la distancia irresoluble;
me apresuro, sin embargo, debo decir, aún,
roja es la choza de la espera, como tu beso,
algo más, un adjetivo que sugiera tus contornos;
calle abajo, en tierra de salvajes enemigos,
cabalgas desnuda, promisoria
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