pero tú no lo sabes ni lo sabrás
esa noche hubo fuego por doquier
carreteras devoradas por la velocidad
personajes apresurados por bailar un vals
con su propia muerte
las ratas del vecindario bailaron hasta desfallecer
pero qué importa
nosotros atravesamos el firmamento
hechos un poco polvo
un poco mierda
desvencijados
por la golpiza constante
del deseo sin correspondencia
-alguien echará un vistazo a su buzón, otro vacío-
qué importa, entonces
si ya nos bebimos la chicha amarga
del abandono
el lecho infame de los parques
el hospedaje compartido
en la jardinera vecina
follan dos homosexuales
muere un perro que te recuerda a tu primer mascota
alguien solloza
o inhala solventes
/ esto es, entonces, un bodegón
cuadro costumbrista
del siglo veintiuno
y por más que pretendamos
nos asoma un poco lo bestia feral
lo milenariamente hambrientos
/ay, hijos de Macario ensoñados
con un imposible pavo -uno, para sí-
pobres, babeantes, orgullosos/
las rosas del vecindario ardieron hasta fenecer
importa, a fin de cuentas,
llegar asi sea rengo
tuerto del corazón
a mirar las ruinas
las esmeradas cenizas
de tu juventud
de mi juventud
si estamos
ahora
cristal con película antiasalto
heridos de arteras rocas
quebrados
pero en pie
acaso importa
deshojar la margarita de la desesperación
a golpes de maza
asir el primer juego de labios
en la oscuridad
o dejarse llevar
hundir la triste humanidad
en cualesquier fango
estallar
a
ho
gar
se
con puntualidad inglesa
las lenguas del vecindario se retorcieron hasta enmudecer
pero tú no lo sabes
no lo sabrás
tú estás mirando
el firmamento
cuentas los claxonazos
te sueñas
arrojando migas de pan
envenenadas
a los pichones
del desencanto
tus cañones enfilados
a la cara de la eternidad
esperas
darle en la madre
rasgarle la camisa
pedalear luego hacia
la nada
o el olvido
o la casa donde creció tu padre
aprisa
que se llega la hora de la merienda
qué jodido
las güeras del vecindario
tarde a tarde
desde su balcón, etéreas
te han hecho suspirar hasta desfallecer
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