hemos ejercido, supinos, indolentes
con la más soberbia abyección
nuestro triste derecho a la idiotez
en su nombre saltamos precipicios
ondeando su bandera de papel
nos internamos en la oscura fauce
del delirio, a tientas recorrimos
cuerpos ajenos, naufragamos cada noche
cuánto hemos vertido en su nombre,
disfrazándolo con palabras elegantes,
colocando en su testa oropeles
nuestras acciones no han sido sino
fastuosos cuervos con alas doradas
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