18 may 2020

me cayó encima la noche y su bravura,
cayó y el huesadal se me hizo añicos,
astillas, rüin lamento; cayó, cómo lo explico,
sobre este cuerpo cual ave oscura

sobre la descuidada presa: no quedó hueso
sano bajo el doliente disfraz de carne;
pero me guardo la queja, lo cobarde
que de mí grita y ladra su embeleso.

y a todo esto, no he nombrado la herida
que atraviesa mi muriente, ajado cuerpo;
no he dicho qué agua con su beso me asesina:

mudo quedé: el aplastamiento o la caída,
lo que sea, me deja el desconcierto,
la sangre, pudrición, el lloro, todo en ruinas

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