he sido yo, y nadie más
mi mandíbula hambrienta
mi paladar delirante
a la sombra de este bosque
no hubo dios menesteroso
que tendiera su mano enferma
en exigencia de una pretendida piedad
ni orgulloso, petulante demonio
que quisiera seducir mi hambre
mi obsesiva carga por décadas
tampoco la muerte y su sonrisa terca
llegó al festín con tiempo
nada le he ofrecido para sobornarla
nada me dió a cambio
ninguna maldición, ningún ensueño
a la sombra de este bosque
mi paladar delirante
mi mandíbula hambrienta
he sido yo, y nadie más
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