30 jun 2020

la trama del deseo

ojeroso, precipitado hacia ti va mi cuerpo
en su núcleo palpitan gavilanes:
son los bisontes de Atilas sanguinarios;
en la periferia de una ciudad imaginaria
derriban puentes, almenas y columnas vertebrales

largo ha sido su invierno, pero no habrá solsticio
en esta carne que me habita, hambrienta
dislocada en sus más frágiles tareas

a trompicones, embrutecido, salta la cuerda floja
manotea mi anhelo, escribe al aire
acaso tal vez un nombre pero no el tuyo
recuerda la tercera caída las fieras del asedio
tiembla el nudo en el corazón de mi corazón

arde en mí esta playa de fieros horizontes,
la abismal distancia entre uno y otro latido

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