Se encendió por fin
la veta del deseo
fue mirarte y arder
dejar a la imaginación
hervir como un agua
donde infusionar el sueño
fue arder y deslumbrarse
con la lúbrica imagen
de tu cuerpo dispuesto
como una playa antes
del desembarco de los bárbaros
fue deslumbrarse y asumir
la oscuridad para adivinarte,
darle a la lengua tiempo
de tornear el perfil de mi lascivia
arrójame a la superficie afilada
de tu labio, dame la dentellada
déjame agonizar a la orilla de este río
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