29 jun 2020

he corrido con suerte, he tocado el pelo ensortijado
de la noche, y en un espasmo,
enfebrecido, he alcanzado a adivinar el vuelo
en la falda del crepúsculo, como quien adivina
en el vuelo errático de las aves el porvenir;
si escalando cumbres donde la sangre se apacigua mortalmente,
he dejado relinchar a los potros del deseo,
si, perdido en atávicos laberintos, me he topado de frente
con el hambre de su último habitante,
si la más breve brizna ha sido, un día, afilado pedernal
sobre mi osario, entonces, ahora, pongo sobre la mesa
mi palabra, deslustrada, taciturna, mellada en su filo,
inútilmente ofrecida al óxido, acero inerte, enceguecida cosa

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