en esta abismal cercanía
el caos abre su fauce pero no me traga
yo pongo a macerar en una botella
los restos de la ternura
como si de un fruto se tratara
un fruto cuya pulpa manchó la barrera
de mis labios, el cristal helado del pecho
¡ah, otro deshielo así no habrá!
la noche se sienta como un viejo parroquiano
en una esquina del calendario
y pide un trago que no le será servido
pero qué importa: sólo le interesan los naufragios
No hay comentarios:
Publicar un comentario