30 jun 2020

yo arrojé una roca al foso de la noche
para despertar las bestias del olvido
que vinieran a desgarrar la herida
esperaba que hicieran guarida de mis huesos

y en este grito demencial que me carcome
labré la flor enrojecida del silencio

para incendiar las cuatro esquinas de la aurora
llené de rocas el buche de la gaviota noche
me estrellé contra acantilados de ebria cólera

no hubo torturador: la mordaza me la ajustó
el miedo y la nostalgia, y cada cuerda que me retuvo, cada golpe dado
por el látigo y el delirio, tuvo en mi mano un ayudante

para romper los cristales del insomnio
arrojé una roca, húmeda tras el diluvio,
a los balcones empolvados de la noche

luego llegó el silicio, la impertinente llaga
la lúcida dolencia a todas horas
la enroquecida arritmia de mi corazón
al destrozar los ventanales podridos de la noche

No hay comentarios: