29 jun 2020

hablo de ti, raspadura en el antebrazo
de otras horas, hueso roto en el salto suicida
a ti, que eres, en mi boca efervescente fuego
indomeñado potro en las llanuras del deseo,
te nombro cuando, antes de arrojarme al vacío
del sueño, murmuro la oración del desamparo
y pido, a cada inexistente dios un respiro
a esta danza de tropiezos entre las rocas;

a ti te nombro cuando al abrir las puertas
de mi celda busco el resplandor del alba
en ti dejé la flor de mi inocencia, floreciente,
en tus ojos me ahogué, y no hay ruido
en la noche que se asemeje a tu voz

en ti nació mi herida mayor, mi cruda lengua:
no hay verbo que describa la devastación
y el germen del dolor al abrigo de tu cadera

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