Volveré también como la triste golondrina
a rondar el cielo de tus livianos ojos;
ya habré dejado atrás la ira, los despojos,
y, ligero, me alzaré en el vuelo, mi campesina
de turgentes caderas, de critalinos ojos:
no hay en mi pecho ya venganzas sibilinas,
ni ocaso en el pecho, ni duda asesina,
sólo este hombre, postrado de hinojos
ya sin pétrea coraza, ya sin la fiera
edulcorada de los celos, sólo la carne,
desnuda, sólo la calma sin el hambre.
Seré otra vez el fruto que te espera,
pendiente de la rama, nervioso y resignado
ante el mordisco que tu boca me tiene preparado.
Rafael E. Fuentes Carballo. En su verbo montada la calle recorrías. Ediciones del Extranjero. El Salvador, 1951
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