En una ciudad lluviosa te busco. El fleco de tu pelo, el péndulo de tus caderas, los pequeños pies que te sostienen, forman parte de una lista interminable de las piezas que conforman el rompecabezas de tu ausencia. La noche se abre como una boca y se va cerrando sobre mi cabeza, vuelve a llover muy cerca de la capilla de San Nicolás, algunas ratas corretean sobre el pasto, suena el claxon de un pesero, a lo lejos aúlla un perro hambriento.
Pero amanece de prisa, como si la ciudad temiera nuestro encuentro. Bebo un poco de agua para aligerar el nudo en la garganta, es muy pronto. Debo dormir y luego volver a casa.
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