La calle, los mechones de tu pelo.
Las moscas que se posaron
sobre el desorden que gestó
la casa
cuando te fuiste
detrás de ti partieron
las cosas que incendiamos juntos
la calma
el osario que como una cruz cargo
sin hallar calvario,
querida mía,
ni cruz, ni centurión hiriente,
ni tercer día, ni burda resurrección.
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