27 jun 2014

Uno apuesta, digamos, por la permanencia del caos en las máscaras de lo cotidiano, que nada sea previsible. Se apuesta por la locura constante, por la incertidumbre; con estos ingredientes pone uno el corazón al fuego. 
No hay marcha atrás, la irreverencia es el signo que marca a los hombres que, como Caínes modernos optan por ser libres, y llenos de ternura y rabia y corazón.

Esteban Salazar. Diálogos para una llovizna que no vendrá. Efe Zeta Editores. México, 1999. 

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