Créeme, la carne de mi mano está cayendo,
asediada por las bestias del desvelo; carne mía,
roja y fúnebre, desamparada, loca. Yo la hería
mientras cantaba. Antes, mucho antes del silencio
era su trino, siáfano; en ese tiempo yo dormía,
no a la intemperie del amor, vivía durmiendo
en el sueño de esperarte, me iba hundiendo,
mordaz y adolescente en la primera elegía,
rapto de ensueño en que me ví a mi mismo
abriendo temerario las puertas al abismo,
cayendo iba, eran mis huesos fuertes,
y mi carne, carne que hoy se desgaja,
era la carne de un loco: el que en tu frente
dejó sembrado el beso, el que en tí dejó su magia.
Anibal Restrepo Fuentes. Naufragar en la ciudad. Editorial Café de Ogros. México, 2009
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