Infinito, así arde en esta mano el mercuriado amor,
lento y taciturno, núbil en sus esquinas,
terso en el intento de implosión bajo sus aguas
Sépanlo: todo en esta casa se encuentra exhausto,
incluso los rincones más lozanos,
las carcomidas vigas del techo que sostuvo en algún momento la nostalgia,
abierto como un ojo que mira al cielo
un espejismo, donde el cadáver abreva de la ausencia.
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