13 oct 2017

Camino sobre el siglo a tientas, azorado,
dolido en el tobillo y en la insípida bruma
de los días, que se escapa, lisonjera espuma,
al toque de mi mano; ¿qué carne, qué costado
habré llagado con mi lanza? Todo el horror se suma
y se retuerce en mi cabeza: algo habrá quedado
del que fuí, campesino, ladrón, feroz soldado;
algo habrá que en la ceniza me consuma
y me nombre en cada aurora como a un hijo;
no hay descanso, ni esperanza, quien me maldijo
vagará también por esta tierra, sumido él mismo
en la vorágine del miedo y de la sed, el eufemismo
para nombrar lo que ahora somos, el trasegar
entre la concupiscente carne, saciar el hambre, matar.

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