todo este resquebrajamiento de lo propio,
la inconsistencia, el cristal de lo que permanece roto en el umbral de la casa,
el polvo acumulado largos años, esta duda acechando tras la puerta, desvencijada, cubierta de telarañas,
esta indecisión de los nudillos por llamar a una puerta de cristales en astillaje permanente,
donde no habrá luz que permita mirar el rostro de su inquilino,
ni su mano vacilante, ni su andar a trompicones por los pasillos,
no dejará tampoco oír su nombre, Nadie,
permanecerá sobre la tierra, condenado, abisal, solo
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