13 oct 2017

Antes del tesoro, antes, mucho antes de la sangre
relucirá el acero, fúrico, sediento, su afilada lengua;
buscarás entonces la paz de las banderas, el oleaje
manso del mediodía, las velas apenas tocadas por el viento,
otearás el horizonte, a la espera de arcabuces y piratas,
esperarás seguramente el horror marino de otro siglo,
de un siglo pródigo en tierras violentas y desconocidas,
óbolo será el pasado ante las aguas del caronte,
imán para fantasmas, azogue sobre el cristal, reflejo.
Cortarás con el hierro lo que forjó la carne, abrirás la puerta,
impaciente, pero no habrá otra vastedad que el mar,
cuerpos de salobre manufactura, seres amorfos que tenderán la mano
raquítica sobre la esperanza, sobre el pecho henchido del amor,
el descuidado amor del musgo; su mano tocará la piedra hasta tornarla polvo,
juego de sombras sobre la sombra, agua empozada para el hombre y sus caballos,
este largo trasegar por la ceniza, recoger los abalorios del olvido con la lengua

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