El abismo me toca las sienes o soy yo el que tiende la mano?
Con qué dedo, en la fractura de qué hueso,
bajo el cuidado de qué sanatorio de oscuras vecindades
me conjuga la lengua de mi sino?
Ahogado en el agua de qué extraña borrachera, en lo profundo de qué selva
me sostengo, pinchado de qué alfileres se mantiene suspendida mi cordura?
Como viento de abril llegó la muerte,
como sagrada carne a mi mesa de pagano,
yo la toqué con el filo mellado de los dientes, con la excretante lengua,
con la denodada ansiedad a flor de piel,
y heme aquí, moribundo, condenado a la supervivencia
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