Pero no basta hablar de amor, dolerse de ser hombre, salir a los mercados, exponerse
la poesía requiere sangre, cuantiosas ofrendas para ser saciada,
la juventud, los mejores años del hombre o la mujer,
la desbocada rabia o la implacable lucidez,
exige que sus oficiantes estén dispuestos
a saltar al vacío, o en todo caso, caminar sobre el filo
de los acantilados en que un paso errado
nos separa de caer al vacío o a una vida uniforme y gris;
la escritura requiere cuanto más que una novia posesiva,
no le basta que que a uno lo toque el dedo cercenado de la inspiración,
exige nuestra sangre cayendo a chorros, que se drene la vida por la pluma,
poco le importan suntuosos reconocimientos, fastuosos premios,
ventas colosales, o que consigas ser citado incuantificables ocasiones
en tarjetas postales, o mediocres páginas de literatura
a final de cuentas no serás sino otro que se atrevió
a empuñar una espada que le vino grande;
no, a la poesía le importa poco que mueras de amor
o de desolación por la tragedia del hombre
lo que le interesa, a fin de cuentas, es que cimbres
en unos versos esta tierra baldía,
que despiertes de su letargo a los fantasmas
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