13 oct 2017

pero el hombre no escribe sino para sí,
carcelero de sí mismo, perro, jauría,
espanto;
no escribe fuera de la línea del estorboso amor,
le da más peso, como una báscula atrofiada
adrede en sus mecanismos internos,
al escribir nos deja el lastre más pesado
luego de prometer la ligereza
profunda, su lengua conjura el odio
y lo ensalza con la mano
qué poco hay detrás de la palabra,
el hueco horizonte del silencio,
la promesa futil,
la soga en el cuello del que será ahorcado
y uno hace poco, abrir de nueva cuenta la torpe boca,
injuriar al indefenso amor, perorar en contra
de los valores más humanos, atacarlo todo
como bestia hidrofóbica, toro de lidia
destrozado desde la oscura boca de su cueva,
energúmeno, ciego, urgido de sangre ajena
terco, insiste, dice que es inútil la paz,
sembrarse en el pecho la exigua, la timorata,
la inocente, la desnuda esperanza,
la imberbe paz del hombre y sus demonios

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