13 oct 2017

este agonizar sobre la hojarasca de pasadas horas,
abrevar, extraviado, en los veneros de lo que se ha perdido,
coger una mueca y hallar más que gestos inconexos,
dejar la mesa puesta, con el aire del que abandona
la patria recién avasallada en la hora grisácea
del crepúsculo; coger las armas, la montura,
y congelarse con el ojo puesto en el paisaje anterior,
este rodar, lamer la herida del contrario,
este desangrar el miedo propio, arrear las bestias
de la nostalgia hacia el desfiladero;
este flotar entre el naufragio y la desgana,
hinchado, amoratado, putrefacto al toque del aire,
este hacerse estatua, romperse contra el suelo,
pasar entre las llamas, indiferente, mordiscar el lodo,
acuñar en el vaso del cráneo la bala o el acero,
y permanecer de pie, este ausentarse de todas
las sensaciones, de respirar y no saberse vivo

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