12 feb 2017

Hay cosas que ciertamente no quise decirte
por ejemplo, que la noche era espuela sobre mi carne,
que la primera flama que iluminó mi ojo
tenía en sus orlas tu nombre,
de los avisperos que con la piedra de tu beso
despertaron; ahora que todo vuelve a la normal desidia,
que no conozco más mujer que la que he perdido,
y las tardes caen como naipes sobre la mesa,
puedo decir
que nada tenía en la mano
cuando sopló tu viento,
salvo el intacto corazón de un niño muerto
que cargo su cadáver por las esquinas de la casa,
que algunas veces su lágrima inunda los libreros,
y que sangra, incesante, la sangre oscura que te ofrendo todavía

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