mi corazón es un madero atravesado por tres clavos
a ciegas busco los muros, la incorpórea lengua de la ausencia
atado en el tobillo me revuelco
envejezco
ladro
llamo a cada puerta
que topo a mi paso, vocifero
a la espera de que alguien responda,
a qué algún fantasma me compadezca
pero todo está vacío, y callado,
y no tropiezo
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