19 nov 2017

Oración para el desierto

1
En este sitio, en esta hora, con la mirada herida
me pregunto si habrá cuchilla que alcance para rajar
este costal de huesos, este carcamal de vejatoria lloradera

2
Avivarás el fuego que dejaste apagar,
pero no encontrarás en tu caída esta ceniza

3
En esta hora, con estos labios abiertos
te nombro para conjurarte: digo adiós, ya me he marchado,
ya las palomas del desvelo alzan el vuelo,
dejan su mierda para ornamento de los tejados

4
en esta hora, con esta carne abierta
como carne de rastro público,
arracimado de insectos o fantasmas,
fijo la vista en el imposible vientre del horizonte,
en la costra de hechos cotidianos,
este gemir a tientas, eviscerado,
hecho pedazos en la osamenta,
trozo de absurdo vegetal, perro salvaje
que lame en la oscuridad el oxidado hierro de su cadena

5
En esta hora, con estos brazos descoyuntados,
tiendo la mano, enciendo el fuego
para iluminar esta noche imaginada

6
en esta calle, con esta desazón,
con cada herida abierta,
abro las alas, sacudo el polvo a los fantasmas

7
en esta noche, en este muladar
plagado de fantasmas,
con el temblor de piernas,
con la quijada retorcida, temblequeante,
con la saliva amarga atorada en las encías,
hecho jirones, destemplado,
en esta noche, de ojos oscuros,
se abre una ventana frente a mi ceguera
brotan los girasoles, la carne
para alimentar mi bestia interior

8
en esta muerte, en esta letanía,
de mano abierta y ojo herido,
salto sobre la cuerda floja
de la cordura
con estos pies, con los parásitos
que abandoné en la infancia,
en esta muerte, en este beso
de borrachera adolescente,
en este batir de puertas
o alas de mariposa oscura,
malagüerante signo del verano

9
en esta sombra, con estos ojos embarrados de tristeza
apelmazado sobre el asfalto,
escuálido plumífero palmípedo
sabrá dios sobre qué aguas naufragado:
tuerzo la mueca a la locura, me aviento un coyotito
dos tres rounds contra la parca

10
en esta borrachera, en este banquetal de noches,
tuya es mi arcada primigenia,
el charco te ofrendo sobre el asfalto,
perfumado por los siglos de los siglos

11
en este dolor de hueso, en esta rotura del deseo,
palmo a palmo hecho nudo
me arrastro entre polvo perros muertos
dos tres ebrios
en esta mordedura de talones, con esta bandera
enterrada en la clavícula del amor propio,
ardo pero la casa sigue fría, la lluvia es incesante

12
en este alarido, en esta calle de cloacas anegadas,
en este corsariaje del desvelo, con ese tremolar de piedras
en el bajo vientre, sobre el pañuelo de la ausencia,
en esta hora que abre y cierra las alas como insecto herido,
tiendo mis pertenencias sobre el fuego,
entro entre las llamas como el bautista a las caudalosas aguas

13
en este envase oscurecido, en la mano que retira una corcholata,
alarido de mí, salto al vacío desde el vacío,
miro el espejo, el insectario de tu alma

14
en estas horas de ladrido, en cada gimoteo de hembra herida
parto a la calle, hago piruetas en semáforos sin rojo,
en este siglo, con estas luces averiadas:
en la mano, como un ramo de flores viejas,
empuño tu nombre

15
En esta agua empozada, en cada gota que se arroja sobre la tierra, kamikaze,
con este aire musical, con el terror a medianoche ante el silbo,
el horror de las bestias, salgo
lanzo mi aullido desde el tejado

16
en este punzar de agujas sobre el lomo,
este coleccionar semillas, aspirar la fragancia
de putrefacto fruto para el hambre,
este cadalso de adusta impertinencia, arrastrar los pies sobre el polvo de la casa

17
con este rechinar de huesos sobre la piedra,
este crepitar de brasas en el patio,
luego de haber calcinado el cadáver animal de sí mismo,
este anudarse a las baldosas, repicar,
el rompimiento del silencio en esa tarde que se encumbra

18
en esta niebla, con este ojo dislocado,
la grieta en que se escurren las razones,
en este muladar donde parirse uno mismo,
beso en gangrena, apelmazada carne,
descompuesto, el par de brazos extendidos,
cable telegráfico, tendedero de palomas,
suplicante de refacciones para la víscera

19
en este barandal, viendo el horizonte de concreto,
con esta música de fauces abiertas,
en este agitar de pañuelos blancos, sin puerto
ni puertas, en este invierno que se aleja,
que nos dice adiós muchachos, adiós,
que se ríe secretamente, que nos separa
como se separa la carne de la carne,
en este partidero de camiones, con este ruido
de bocinas y autoestéreos,
con este pantalón desgastado, con la lengua de fuera

20
en este salivar ante el plato servido
de la muerte, en esta mesa plena
en esta marejada, en este otoño,
desde esta ausencia, me pregunto:
¿cómo serás a tu retorno, qué palabra
te traerá de vuelta, qué bandera
con su corte de cadáveres anunciará tu arribo?

21
en este crepitar, en esta calle humedecida
en este cuerpo que se dobla,
en esta música, trino de jilgueros amaestrados,
en este amontonamiento de casualidades,
en este estirar el brazo y no hallar cuerpo
ni cobija para ahuyentar la madrugada,
en este soliloquio, en este cenicero rebosante

22
en este pecho colapsado, en este tiritar
de huesos bajo el chipi chipi, humedecido
hasta el más recóndito pedazo de tuétano;
en este mugir, ganado de la nostalgia,
mientras se busca el pan entre la hierba,
hambriento, incócupe, envejecido:
en este hundir de manos en el agua helada,
en esta carraspera, esta tuberculosis del amor,
tirado en cama, flemático, bañado en coágulos
de tristeza, en este lecho donde incluso
el reflejo es un muchacho enfermo

23
en este atisbo de borrachera
que no llega, en esta marejada;
en la oquedad del hueso primordial,
en la coagulación del beso,
en este crepitar de cenizas vagas,
en este lecho de sombra, en este horror
en esta balacera de las cinco de la tarde,
en este adivinar que no has venido,
oler tus huellas, arrojarse a los brazos
de la soledad cuando has pasado
de largo, indiferente, fantasma carnal,
reflejo vivo de tí misma

24
En este zozobrar de ojos abiertos, en este hurgar tras las ventanas,
con el secreto anhelo de horizonte
saltando en el pecho, anfibio, cefalópodo,
hijo desheredado de la evolución,
pero entusiasta, vivaz,
telúrico hasta la punta de los huesos, inundado y febril hasta el más oscuro rincón del anhelo;
en este ulular de sirenas a medianoche,
en este abrir la serenidad bajo la niebla,
en este escarbar con los ojos como con zapapicos
la madrugada y su rostro de bruma;
en esta balacera perpetua,
en este recoger cadáveres cual cosechar frutos maduros en demasía,
en este ejercicio de respirar, morder el polvo, abrir los ojos de nueva cuenta,
abrazar lo que a la mano tenga la locura,
se llame abismo o aturdimiento o carne de mujer

25
Este trasegar de sombras, la revoltura de la paja
y sus astillas, esta rajadura de la carne,
la elipse abierta del espanto, este romperse
los trapos de la calma, andar desnudo del sosiego,
requemado, purulento, acuciante
bajo ésta luna en decreciente, húmedo en la nube,
en el cadalso de la tarde que se llega
como se llegan los frutos maduros
de la jungla

26
En este izar las velas, levar anclas,
incendiar los barcos un segundo previo a la tormenta,
en esta carne que se consume en el deseo,
en la caricia contenida apenas abierto
el envase de esta piel,
en este crepitar, brasa, reducto de calor
en la oscura llovizna del desamor,
en este río de grito ahogado,
con sus muertos a cuestas,
con su podredumbre y la maravilla de su lecho,
en este pensar en otra humedad,
en la embriaguez de la lengua al tocar,
sugerente, ávida, el otro sexo,
el pelo ensortijado, esta necesidad de recordar
aquel gemido, aquel sudor,
esa ronquera en la voz ansiosa,
el sexo enhiesto, firme como la vela
de un barco que se hunde, surcado de fuego,
bajo el huracán

27
Este bregar en el silencio, aspa,
molino en desolado,
este manotear en el oscuro fango
de la derrota, asido apenas
en la frágil corteza de los días,
meditabundo, errático, dolorosamente
trasnochado, tembloroso,
febril en el espasmo, en la locura,
puesto de pie apenas restallar el látigo del día,
sostenido lastimosamente por la endeble nada,
rabioso, herido en el recelo,
espumeante de amor propio, al borde del colapso,
carne aguijoneada por la duda,
este chapotear de aguas mansas, este regocijo
en la derrota, esta agonía tan postergada

28
Esta palpitación de las arterias,
este chaparral ardiendo al abrigo de la canícula,
fuego sobre fuego sobre el yermo,
este sonrojar de piedras, vuelo iniciático de garzas,
prenda primera del amor: este zarpazo en pecho,
la sangre conservada en aguardiente,
trofeo, signo de culminación de cazador,
este cadáver de sí mismo, ornamento de bienvenida;
en este siglo, en esta concatenación de yugos,
en este casi respirar bajo el peso de la polución,
esta cacería sobre concreto, este verbo desconjugado,
perro bendecido por los neumáticos del destino


29
en este cielo, arpón en las costillas del paisaje,
en este horror de calles inundadas,
de soliloquios y avenidas semejantes al desierto,
en este caerse las uñas por la casa,
en este abrirse las puertas de la úlcera péptica
del corazón, en este trote de bisontes,
este trepidar de pezuñas sobre la pradera,
en esta calma incendio en el cenit de la madrugada
alarido de cisne, percha para sostener
el grasiento abrigo de la locura

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