Tal
vez dije lo que tenía para decir,
y me quedé, absorto, hosco, perruno
y destemplado, acuclillado
en la esquina de un mes lluvioso
porque herí con mi balbuceo el silencio
pero no de muerte,
y mordí en el beso trastabillante la lengua
del olvido, pero no conseguí sangrarla
tal vez debí callar cuando era necesario
pero hace tiempo que vengo a ladrar
desde la misma esquina, a cada parpadeo
de oscuridad, y alguien me arroja, puntual
el hueso astillado de la esperanza,
los restos del lenguaje, y hago festín
hasta el primer sarpazo de la duda,
y algo como un pez se agita en esta entraña,
en esta agua enfangada,
algo como un pez que se retuerce
en la madera de una barca, moribundo,
incapaz de articular rugido
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