En el botiquín del veneno
-si hablamos de uno que se respete-
no puede faltar el mezcal.
-si hablamos de uno que se respete-
no puede faltar el mezcal.
Fuego líquido, purifica las heridas más profundas,
hace de los hombres santos
con lenguas de flama delicada,
sincera hasta al más cínico de los amantes,
les hace escribir desaforadas declaraciones de amor,
los envuelve en burbujas melodiosas
y no los deja caer en tanto dura su beso;
torna vulnerables a los superhombres,
los rompe como palillos chinos
y los deja parados al borde de la lágrima
con una invitación a sorber el vértigo del despeñadero.
hace de los hombres santos
con lenguas de flama delicada,
sincera hasta al más cínico de los amantes,
les hace escribir desaforadas declaraciones de amor,
los envuelve en burbujas melodiosas
y no los deja caer en tanto dura su beso;
torna vulnerables a los superhombres,
los rompe como palillos chinos
y los deja parados al borde de la lágrima
con una invitación a sorber el vértigo del despeñadero.
Cotidiano combustible,
no puede faltar tampoco a la mesa,
como la sal, o las tortillas.
Sirve para abrir el apetito de los desmemoriados
y en dosis leves como el primer beso,
aviva las pupilas de las niñas que sufren mal de amores.
En las pupilas del que regresa, el mezcal es
faro no puede faltar tampoco a la mesa,
como la sal, o las tortillas.
Sirve para abrir el apetito de los desmemoriados
y en dosis leves como el primer beso,
aviva las pupilas de las niñas que sufren mal de amores.
más efectivo que la brújula más sofisticada,
ahuyenta a los malos espíritus
y atrae a los amigos más lejanos.
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