Digo basta, me sacudo el plumaje en la hora de la lluvia,
que se vayan las sombras a poblar el insomnio de otro ojo,
el tremolar en el costal de huesos, el estremecimiento
de la piel frente a la nada, velloerizado,
la adrenalina perro ladrando a los fantasmas;
larga la resaca de estar sobrio, larga la inconsciente borrachera,
largo el invierno final del calendario, y el espasmo, ese sí,
corto, jeringazo, viaje sin maletas al puerto del delirio:
ya me lanzo por su acantilado, ya beso el oleaje con la rosa de mi sangre
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