19 nov 2017

No con fuego fue su inusual bautismo:
fue con mezcal, ese manso aguardiente
tan cercano al agua, tan vehemente
como las llamas del infierno mismo.

Fue decir en otra lengua el ingrediente
extraño que lo tornó en un sismo,
la marejada, el siniestro sincretismo
entre su carne y lo pendiente.

Fue otra llama, aunque cercana, parecida.
En el embrujo hubo que destilar la vida,
y que caer, y despertar al alba aullando

de un dolor que no dolía, que era nefando,
que carcomía la herida, que hendía la sangre,
que dejando lasitud dejaba el hambre.

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