29 ago 2015
I see you dancing under the moon, naked.
Esta es la ciudad, aparcadero de coches,
altar de tumultos y manifestaciones,
donde encontré el aroma de tu carne;
esta es la ciudad, secuestrada largamente
por nuestros orgasmos.
Sus luces neón ya conspiraron,
sus cantinas y sus andadores,
sus valet parkings, sus pordioseros
ya nos habían hecho las maletas
cuando comenzamos a recorrer sus calles.
Alguien vino de lejos a mirar las ruinas
de antiguos y poderosos reinos
derrotados por la espada y por el trueno.
Míralos, con sus cámaras réflex parecen cuervos
a la caza de brillantes para sus nidos.
Este es mi caparazón hecho tiritas
un par de versos monosílabos,
la estación donde el tren se detiene
incontables segundos a la espera
del último pandillero.
Tus labios me recuerdan
las calles mojadas de la ciudad,
los museos con su ostracismo al mediodía,
los conciertos callejeros,
más de un parque neocolonial
con bancas posmodernas bandalizadas
por el amor precoz de las 14 horas.
Mi camisa está por fin planchada,
ya dije adiós un largo tiempo, es la hora del condenado
es momento de coger el autobús.
Alejandro Sombra. El viejo del costal y algunos chismes del pasado. Editorial Suprema, México 1975
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