29 ago 2015

Dime otra vez tu nombre
su resonancia
no sé aún para qué la quiero
tal vez para masticarla cuando a solas
repase los pasillos de mi laberinto
y en alguno de sus salones me parezca
por fin que me he extraviado.


Cuando te hayas ido, su sabor
a fruta exótica perdurará en mi oído izquierdo.

Pero aunque diga fruta venida de estrambóticas latitudes
me resisto a describir su acidez o su dulzura,
ignoro pues si arde en los labios o en el vientre
si su insipidez basta para agotar la sal
si será tan árido como el paso por la frontera

No, no sé si me guste cuando alcance a mordiscarlo.
Pero soy fiel a mi naturaleza
y la curiosidad es mi acicate
en esta carrera por enloquecer primero

Dame tu nombre, deja que pruebe en el agua de tu voz
los tornados o las nieves de su candor.

Tal vez lo olvide pronto
hundido como algunas tardes en la amnesia
o lo lleve conmigo como una marca
hasta el primero de mis días de hombre solo.

Armando García Melgar. No dios, el humus te dió la forma, Adán. Ediciones Stand By. México, 1986

No hay comentarios: