No volveré a escribir en el espanto.
La sangre es flor de mi apreciada,
es tinta, es brazo armado, es nada;
No volveré a soñar, y mientras tanto
pongo mi carne a reposar, en cada
trecho del camino, mi oscuro canto
irá al despeñadero: tendré el encanto
de la muerte y de su beso: su espada
ha de morder mi carne, y he de callar
aunque desmaye: no volveré a escribir
en el espanto o en la angustia de estar
postrado de tristeza, en la inercia de vivir.
No volveré a rugir, brutal: ya soy cautivo
del fantasma y de mí mismo fugitivo.
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