18 may 2019

ya no despertaré en la honda madrugada
pendiente de tu voz y tu silencio:
algo he perdido, que no sé nombrar
pero echo en falta, tal vez el inocente,
el càndido fervor de otros meses,
de otra vida, tal vez eso he perdido,
y por eso duermo profundo, aterrado
frente a la posibilidad de despertar,
otra vez en el fango dulce de la adolescencia,
derrotado pero infatigable,
otra vez fracturado el músculo de la esperanza
de nueva cuenta desvalido de mí mismo
y no es mucho, a decir verdad, lo que se pierde,
lo que se echa en falta,
pese a todo lo que se extravía,
los juguetes queridos de la infancia, la moneda
de extraño cuño para invocar la suerte,
el recuerdo de un atardecer que juramos
sostener siempre como un triunfo,
los aristas del rostro que por primera vez
amamos, el sabor de aquella boca,
uno se siente así, intranquilo, soez,
descobijado de su suerte, aunque descrea de ella,
y vuelve a los viejos sitios
donde hubo trinos y algún ladrido
en medio de la espera, a esos sitios
apenas recordados, en los que no hubo nada
memorable, que ni el horror ni la felicidad tocaron

No hay comentarios: