6 ago 2017

Me he propuesto escribir con mayor denuedo, con la angustia de otros días. Que nada me sea gratuito, escribir hasta que duela, hasta el horroroso fastidio, que se vuelva un suplicio. Y pese a ello, continuar. Recomenzarlo todo. Borrarlo todo, aunque parezca contradictorio. Erosionarlo todo para cultivar sobre el yermo las volutas de voz. 
He decidido dejar de escribir sobre el teclado. Volver a la artesanía del grafito y de la tinta como principio. 
Salgo de casa, busco, como en otros años, las bragas bajo la orlada falda de la muerte: la sangre escandalosa, el filo de todas las navajas. No sé si permanezca a salvo, ignoro a tal grado que desconozco la puerta de salida a la calle.

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